CÓMO APRENDE NUESTRO CEREBRO

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HABLANDO EN CONFIANZA – Audio del programa:

http://lacorredoriasuena.com/ftp/podcast/2016/HablandoEnConfianza/hablandoenconfianza_161207.mp3

Son cada vez más frecuentes las corrientes que pugnan por darle un vuelvo a la forma que tenemos de entender la educación para nuestros hijos e hijas, no sólo desde la perspectiva del sistema educación, sino también como cultura y como sociedad.

Nuestro cerebro está preparado para adquirir nuevos conocimientos por sí mismo.. Ahora bien, ¿estamos seguros de que estamos creando entornos de aprendizaje que faciliten esta tarea? Y de forma aún más concreta, ¿no pensamos alguna vez que la educación puede resultar un tanto contradictoria??

  • Sabemos que es importante que el niño o la niña necesita el movimiento y experimentar con su entorno para aprender (un niño sano es un niño inquieto)… ¿por qué entonces nos pasamos gran parte del día pidiéndoles que se estén quietos y que no se muevan?
  • Sabemos también que es importante desarrollar ideas críticas, que piensen por sí mismos y no se crean a la primera todo lo que oyen o ven….. ¿por qué entonces seguimos valorando la obediencia como un valor fundamental en la infancia?
  • Deseamos que sean personas asertivas, es decir, que sepan decir que NO ante determinadas presiones de un grupo, especialmente cuando ese grupo prevee poner en práctica algunos comportamientos que resultan nocivos para la salud, como es el caso del alcohol y otras drogas, o que incluso podrían poner en riesgo su vida…. ¿Por qué sin embargo cuando les estamos educando nos tomamos su “no quiero” como una ofensa e incluso como falta de educación o de respeto?

Recordemos siempre que lo que bien se aprende, jamás se olvida.

El aprendizaje va siempre más allá del contenido que la persona que enseña pretende que sea adquirido. El aprendizaje es una adquisición de manera voluntaria por parte del aprendiz, de tal forma que por un lado, integra ese nuevo conocimiento con otros que ya posee (como cuando nos dicen en el colegio que se lleva a cabo una evaluación continua, puesto que se da por hecho que para saber restar, ha tenido primero que haber aprendido a aprender a sumar con cierta soltura, tiene que haber aprendido qué significa sumar) y por otro lado ese aprendiz será capaz de aplicar lo que aprendió en un momento determinado en experiencias futuras, como cuando hemos enseñado a un niño que no se debe mentir, pero de pronto nos pilla en una mentira, y nos recuerda que lo que estamos haciendo no es correcto.

Lo cierto es que nuestro cerebro tiene la propiedad de la plasticidad, que no es otra cosa que cambia su tamaño e incluso su funcionalidad según las experiencias o las prácticas que haya desarrollado.

Desde la universidad de Londres, Sarah Jane Blakemore nos ha mostrado la existencia de diversos estudios sobre violinistas expertos, donde se ha observado que sus cerebros, y más concretamente la parte derecha de sus cerebros está más desarrollada, puesto que es la que controla los movimientos de su mano izquierda, la cual es la que utilizan en el caso de ser diestros, no sólo para la sujeción del violín, sino también para manejar de manera minuciosa las cuerdas. Y es la parte derecha la más desarrollada, porque recordemos que la información se entrecruza, de tal manera que nuestra parte derecha del cerebro es la que controla los movimientos y las funciones del lado izquierdo y viceversa.

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Hay además estudios muy interesantes sobre las personas que aprenden a hacer malabarismo manejando pelotas con sus manos. Si comparamos el cerebro de estas personas ante de que hayan aprendido a hacer malabarismos, con respecto a 3 meses después de practicar, la parte del cerebro que interviene en el procesamiento de los movimientos visuales, por el hecho d tener que seguir la trayectoria de la pelota, incrementa su tamaño. Y si resulta que dejan de practicar durante 3 meses, el cerebro se encoge y vuelve a su estado original.

Lo que podemos concluir por tanto es que es importante entrenar nuestro cerebro, seguir practicando porque de lo contrario, vuelve a donde estaba antes de empezar a practicar. Sería algo similar a cuando en el deporte, con el entrenamiento continuado, desarrollamos más determinados músculos.

¿Qué decimos con esto por lo tanto? que nuestro cerebro tiene la capacidad de cambiar y adaptarse al entorno, según las experiencias que vayamos teniendo.

Sin embargo, también es cierto que la falta de práctica a su vez no necesariamente provoca un olvido absoluto , una pérdida  total de lo aprendido. Digamos que en todo caso, lo que en un momento de nuestra vida hemos aprendido permanece latente, de tal forma que cuando necesitamos volver a recuperar esa información, tardamos mucho menos tiempo en volver a adquirirla de nuevo. Esto significa que es un muestra de que lo que bien se aprende, nunca se olvida del todo.

Las personas adultas, profesionales o no, reflexionamos en torno a nuestras experiencias, opinamos e incluso nos formamos para poder aportar nuestro granito de arena en cómo ha de cambiar el modelo educativo para que se produzca el tan ansiado cambio positivo, que obviamente ha de ir más allá de las puntuaciones obtenidas en los diversos informes PISA o de lo lejos o cerca que nos queda el sistema educativo finlandés. Pero en todo este periplo, de manera excesivamente habitual nos olvidamos de los actores y actrices principales. Hablamos de ell@s, pero no con ell@s. Interpretamos sus actitudes y respuestas, pero no preguntamos acerca de sus sentimientos e intenciones. Disertamos acerca de cómo ha de ser su educación, pero NO escuchamos su opinión al respecto. Quizá si nos dedicásemos a escuchar detenidamente todo lo que tienen que decir acerca de sus propias experiencias, dejaríamos de argumentar apoyándonos solamente en las nuestras.

Y luego hay algo que parece obvio, pero que acabamos obviando precisamente porque es obvio: los seres humanos para desarrollarnos necesitamos alimento, oxígeno y agua…. pero sobre todo… necesitamos caricias. Porque estamos compuestos de emociones, y el aprendizaje está muy íntimamente ligado a nuestros estados emocionales.

Con todo esto, cabe concluir que resulta enormemente necesario que actuemos en conjunto para que tod@s y cada un@ reciban la atención que necesitan en función de sus necesidades, que podrían resumirse en una común para todo el mundo: EL DERECHO A SER NIÑ@ Y DISFRUTAR DE SU INFANCIA EN PLENITUD.

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