LA GESTIÓN EMOCIONAL… ¿SABEMOS ENCAUZAR NUESTROS SENTIMIENTOS?

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No solemos estar acostrumbrados, ni tan siquiera tener claro, si lo que sentimos en un momento determinado, es en realidad adecuado o proporcionado a la situación. Aprobar o suspender un examen importante, enamorarse o un desengaño amoroso,… en fin, la mayoría de las experiencias que hemos tenido en la vida nos generan toda una serie de sensaciones de mayor o menor grado.
Sin embargo, no se nos enseña a encauzar los sentimientos de una manera adecuada y esto tiende a dificultar el desarrollo de nuestra felicidad, especialmente cuando la lógica que impera no es la del sentido común, sino la del prejuicio (“los niños no lloran”, “las niñas son más dulces”, “pedir perdón es un signo de debilidad”), con la penalización moral  y social que ello conlleva.

Los prejuicios no son sino mitos, falsas creencias acerca de cómo funciona el ser humano. Se nos suele educar para moderar lo que sentimos porque a veces se cree que:

– Abrirse a lo que uno siente (positivo o negativo) nos hace más vulnerables a los demás.
– Mostrarse reprimido y contenido en tus emociones es signo de ser una persona equilibrada.
– Lo que expreses no te define como persona.
– Hay que saber separar lo emocional de lo racional, el “corazón” y la “cabeza”.

Estos 4 mitos no sólo son falsos, sino que además condicionan en gran medida la forma en la que desarrollamos nuestro autoconcepto, y por supuesto, nuestra autoestima.
Cuando uno por fin es capaz de expresar aquello que siente, que le oprime, experimenta una especie de liberación (especialmente si lo hace ante la persona adecuada). Y cuando en determinadas situaciones uno se deja llevar por el corazón, la cabeza siempre le acompaña. No podemos separar lo emocional de lo racional con tanta facilidad porque somos un todo, y real y paradójicamente quizás no haya nada más irracional que negar los sentimientos.

¿Cuáles serían las expresiones adecuadas? No hay una respuesta única, ni verdades universales, salvo aquellas relacionadas con el derecho a la defensa de (valga la redundancia) los propios derechos y la obligación de respectar los derechos de los demás. Lo cierto es que existe un abanico de posibilidades perfectamente válidas y adecuadas no sólo a la situación concreta, sino también a nuestra manera de ser y entender la vida (lo que comúnmente denominamos “nuestros valores”).

ENFADO O IRA.
No es otra cosa que el derecho a la pataleta. Es la expresión no sólo del desacuerdo con algo o alguien (cuando defendemos según qué cosas, podemos sentirnos algo irascibles), sino además la respuesta a una ofensa personal.
Somos humanos, con lo cual debemos recordar que en momentos de enfado es muy probable que se nos pueda pasar de todo por la cabeza (lo siento, pero me muestro muy excéptica cuando alguien intenta convencerme de que Ghandi nunca llegó a enfadarse hasta el extremo de pensar alguna barbaridad). Los pensamientos ante estas situaciones, no te convierten en peor persona. Sólo te converten en…persona.
Es una sensación además productiva, en el sentido en que si somos capaces de aceptarla como parte de nosotros, también seremos capaces de aprender a transformar la ira en enfado, y éste no lleve progresivamente a la búsqueda de una solución al problema.

TRISTEZA.
Cuando pasamos por un bache, a veces tenemos la sensación de que siempre contamos lo mismo, que no hacemos sino agobiar a los demás con nuestras cosas. Sin embargo, cabe recordar que si se trata de esa persona adecuada, no sentirá agobio: escucha, consuela y al final se acaba hablando de algo diferente, y hasta podéis reiros juntos de aquello que te preocupaba tanto.
El llanto es desahogo, no ahogo. No hay que esperar en cambio que nadie solucione tus problemas, eso es algo que sólo nos compete a nosotros mismos. Una cosa es desahogar con alguien, y otra intentar implicarle en el problema.

ALEGRÍA
¿Quién puede penalizar la expresión de alegría? pues se hace, desgraciadamente. ¿Cuál será de nuevo la persona adecuada?Será alguien que te consuele en tus penas, y sea capaz también de felicitarte y reír contigo ante tus alegrías.
Todos poseemos ese derecho: a tener esos momentos de felicidad incontenida.

A modo de conclusión, recordemos que poseemos necesidades de diversa índole (fisiológica o psíquica), pero  lo cierto es que uno se siente “completo” en su vida si es capaz de encontrar un conjunción óptima entre lo que aporta a los demás a nivel emocional, y lo que recibe.

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