Mes: enero 2016

LOS JUEGOS VIOLENTOS

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¿Podríamos afirmar que el ser humano es violento por naturaleza?
Estamos habituad@s en nuestra cultura y otras similares, al uso de la violencia. El ser humano, a lo largo de siglos, milenios incluso, se ha visto inmerso en largos episodios de violencia: guerras por la dominación del otro, establecimiento de estados de represión y miedo, etc… de ahí que existan tendencias que afirmen que como especie, tendemos a la extinción.
Es por ello que no creo que ahora de manera especial haya un problema explícito vinculado a este tema, por la aparente afición creciente a películas violentas, o a la proliferación de videojuegos con escenas de crueldad extrema con el “enemigo”.
El único cambio que podemos estar experimentando en todo caso puede ser debido al medio a través del cual recibimos dicha información (internet): sabemos que la procesamos de manera diferente ya no sólo si nos llega por vía visual, auditiva (e incluso táctil), sino que el universo multimedia nos está descubriendo otra forma de proceder.
Sin embargo, en cuanto a la forma de manifestación de la violencia en el día a día, no podríamos llegar a afirmar que el ser humano nace violento, sino que viene al mundo en todo caso con una predisposición a sentir determinadas emociones, entre ellas, la ira o la rabia, con lo que la reacción deberá ser consecuente a la emoción sentida.
En este punto es donde nos podemos encontrar un abanico de numerosas posibilidades de posible reacción, las cuales irán desde el extremo aparentemente más pasivo (violencia interna, hacia un@ mism@) hasta el más agresivo (expresando violencia muy explícita hacia las demás personas).
Ningún extremo es deseable en este caso…
Cómo se genera la ira
Recordemos que la ira, el enfado, aunque nace de un@ mism@, no se desencadena solo: debe existir un elemento (externo o interno) que lo provoque.
Habitualmente, el elemento externo puede ser una una situación o una persona que ejerce algún tipo de represión, de tal forma que puede estar suponiendo impedimento para desarrollar aquello que se desea. La intensidad del sentimiento de enfado podrá ir en aumento en la medida en la que, como añadido, la persona deba intentar ocultar lo que siente por imposición externa, es decir, porque socialmente no “está bien visto” mostrar enfado en ese momento concreto, como es el caso de las rabietas en la infancia.

Lógicamente, por este motivo puede resultar tan complicado ejercer la paternidad/maternidad: porque parte de la responsabilidad de asumir este rol, será pasarse parte de su vida buscando el equilibrio justo entre 2 extremos opuestos, igualmente peligrosos para el desarrollo de la autoestima:
1. Dejar hacer sin importar las posibles consecuencias:  poseemos la necesidad de sentirnos queridos y apreciados. Sentir que lo que hacemos importa, tanto en sentido positivo, como negativo. Esta es también una forma de desarrollar nuestra propia identidad.
Vamos probando, tentando, ensayando actuaciones para con los demás a lo largo de toda nuestra vida con el objetivo de comprobar las reacciones que nuestros actos generan en los demás…. y cuando NO vemos consecuencias, lo que sentimos es que “no importamos”,de ahí que se desencadenen posibles reacciones violentas en hij@s cuyos padres/madres sean excesivamente permisivos.
2. Represión constante de las “necesidades” percibidas por sus hijos/as: cuando una persona asimila que todo aquello que hace o siente es coartado por una “autoridad”, llega a desarrollar que vive en un entorno hostil, y por tanto actúa en consecuencia, es decir, desatando su ira al menos desde dos puntos de vista:
a) Habitualmente no lo hace en ese entorno hostil, sino que aprovecha otros entornos en los que pueda sentir que posee ese papel autoritario (colegio, entre amigos, cuando crea su propia familia, etc)
b) Manifestando retraimiento y poca voluntad de relacionarse con el entorno, probablemente por haber asumido una generalización de dicha hostilidad al resto de situaciones de su vida.
¿Es “normal” disfrutar con la violencia?
Si se “disfruta” con la violencia, se da de manera especial cuando nos muestran que vivimos en continua competición: o pisas… o te pisan.
Paradójicamente, la gran mayoría de nosotr@s nos situaríamos en elbando de los buenos, aunque lo que pidamos o deseemos sea sufrimiento ajeno (porque es el de “los malos”). Este tipo de situaciones sería entendibles, y también explicables, cuando estamos ante una situación de dolor extremo. En todo caso, nunca debería ser justificable. Lógicamente, cuando una persona ha sufrido mucho por la actuación de otra, es lógico que se desencadene este tipo de sentimientos, ahora bien, la pregunta a hacernos sería la siguiente: ¿podría ser este tipo de situaciones la base que justifique el “ojo por ojo”?

La base real de la justicia, no está en las armas. No son ellas quienes provocan cambios profundos. Son las PALABRAS…. especialmente las buenas palabras. He aquí el origen y fin de toda lucha.

Y en lo referente a la infancia… ¿qué sucede con los juegos de violencia? No es negativo en sí mismo disfrutar ocasionalmente utilizando esta actividad lúdica, siempre y cuando no sea la única oportunidad de disfrute en nuestra vida. El peligro real puede sobrevenir en el momento en el que abusamos de ese tipo de juegos en los cuales somos protagonistas activos que infligen daño a otros personajes.
Si existe una continuidad en estas actividades, se corre el riesgo de que disminuya (e incluso se elimine) el desarrollo de empatía hacia el rival, con lo que cuando estamos hablando especialmente de la infancia, en lugar de estar encaminando su educación hacia la asertividad, les estaremos inculcando que en esta vida, el que en definitiva gana… es el más poderoso. Peligrosa actitud. MUY PELIGROSA.

ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES: MÁS ALLÁ DE LA EXPRESIÓN DEL TALENTO

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Existe una (lógica) preocupación creciente por la detección temprana de las altas capacidades intelectuales. Y aunque es probable que aún no exista acuerdo acerca de qué es lo que resulta más pertinente y a tener en cuenta a la hora de elaborar unos criterios comunes en los que apoyarse para unificar una idea del concepto, cada vez asistimos a mayor número de detecciones en la etapa infantil.
Ahora bien, este ha de ser tomado como el primer paso. No basta con intentar poner un nombre al “Ser”, ni con intentar describirlo con un listado de características (las cuales no todas las personas con AACC cumplirán), sino que el trabajo siempre ha de ir dirigido más allá. Aquí es donde nos encontramos la mayor cantidad de problemas, ¿Qué hacemos? ¿Cómo actuamos? ¿Qué potenciamos? ¿Qué trabajamos?
Sabemos que el diseño o planificación ha de realizarse de manera individualizada, pero… ¿nos estamos centrando en lo realmente importante?
Hay corrientes que vienen a detallarnos la importancia de trabajar potencialidades en lugar de déficits, es decir, determinar aquellas áreas en las que se muestra mayor grado (medido como percentil) de talento para potenciar un desarrollo de las mismas a posteriori, en lugar de centrarse de manera exclusiva en entrenar aquellas habilidades, habitualmente de tipo social, en las que parece manifestar algún tipo de problema….al menos entendido y percibido de manera externa. Serían aquellas actividades denominadas de enriquecimiento curricular.
Otras corrientes son más proclives a centrarse en su desarrollo emocional, en ocasiones asíncrono con respecto a otro tipo de capacidades cognitivas.
Mi opinión sin embargo va en otro sentido diferente, aunque no incompatible, que probablemente emana del propio concepto de “talento”, aunque sin quedarse en solamente los resultados finales, sino en las vivencias experimentadas a lo largo del proceso.
Me explico.
¿Qué siente y cómo se siente un@ persona cuando se le apoya en el desarrollo de sus potencialidades? En las diversas respuestas que pueden surgir a esta pregunta probablemente podamos estar encontrándonos con lo realmente importante a la hora de llevar a cabo un trabajo eficaz y eficiente, no sólo desde el ámbito académico, sino también vital.

Los diferentes criterios que hemos de considerar, y que voy a exponer a continuación no son ejemplos figurados, sino reales, de personas que ahora mismo, con el paso del tiempo, poseen una visión más global. Su conclusión ha sido por unanimidad que no ha importado tanto el haber potenciado el desarrollo del talento en sí mismo, sino toda una serie de valores que conlleva de manera implícita una educación de calidad, tanto en el ámbito escolar, como el familiar.

1) CRITERIO DE RESPONSABILIDAD: mis aportaciones son válidas y tenidas en cuenta, no sólo van a permanecer en mi cabeza, por lo que me considero una persona responsable de mi propio aprendizaje, el cual redundará en contenido útil para mí y para otras personas.
2) CRITERIO DE AUTOESTIMA: en el aula, a pesar de que mis ideas son diferentes, siento que importo y soy apreciado por ello. No sólo adquiero conocimiento que procede de terceras personas, sino que además, soy capaz de realizar mis propias aportaciones… la maestra me enseñó un método para multiplicar y el sentido que posee para la vida aprender esta habilidad. Ahora yo quiero mostrar que se me ha ocurrido una idea acerca de cómo aplicarlo, y la maestra me ha guiado para conseguirlo. Mis ideas también importan. En ese punto me siento apreciado, y me han apoyado para que también me aprecie a mí mismo.

3) CRITERIO DE AUTOCONCEPTO: la naturalidad con la que se ha tratado el hecho de ser una persona diferente, me ha servido para no temer expresarme tal y como soy. Ya no respondo con tanta agresividad porque no me siento atacada….no soy la más “lista”, ni la “empollona”, ni la “disruptiva”, ni la “torpe”, ni la “despistada”…soy una persona con ideas propias que aportan diversidad, no sólo a los contenidos aprendidos, sino a toda el aula. Esto no me convierte en “más que nadie”, puesto que he aprendido que nunca lo sabremos TODO, y que todas las personas que me rodean y que me han rodeado han sido fundamentales en mi desarrollo. Algunas por sus aportaciones positivas, y otras por todo lo contrario… pero todo ha sido aprendizaje. Y este continuo aprendizaje me ha servido de apoyo para conocerme mejor a mí misma.

4) CRITERIO DE APOYO: no poseo grandes ni gratos recuerdos de mi etapa escolar, ni de instituto. Fui una persona que pasó desapercibida, puesto que así consideré en su momento que sería lo más adecuado. Esto no me sirvió para nada, puesto que cuando entré en el instituto, empezaron mis problemas severos de ansiedad. Lo sé….era demasiado pequeño para tener esos problemas, pero también sé que fueron consecuencia de haberme ocultado.
Frecuentemente, cada vez que oía una crítica hacia mi persona me preguntaba “¿pero por qué nadie se molesta en conocerme realmente?”. Con el paso del tiempo me fui dando cuenta que lo que sucedía en realidad era que nadie me conocía porque la imagen que proyectaba hacia el exterior era muy diferente a lo que yo sentía o anhelaba.
Solía preguntarme que de dónde había sacado yo las fuerzas para salir adelante y perder el miedo a mostrarme tal cual soy. Y tardé (quizá demasiado) en encontrar una respuesta, pero cuando ese momento llegó, lo tuve claro: fue mi FAMILIA. Esas personas que nunca permitieron que me hundiera del todo, porque siempre me han tendido la mano para poder reflotar a la superficie. Esas personas que me apoyaron en mis decisiones, sin presionar y confiando en mí a pesar de mi corta edad. Esas personas que siempre me han aceptado tal y como soy, sin juzgarme, y de las que nunca he oído eso que tan frecuentemente se oye: “¿pero qué habré hecho yo de malo para que me saliera un hijo así?”.

PIRÁMIDE DE MASLOW