Mes: octubre 2015

EL SENTIMIENTO DE VENGANZA

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Hay ocasiones en las que nos preguntamos si el hecho de poseer sentimientos negativos nos convierte en peores personas.
Las propias relaciones sociales están impregnadas de sentimiento de esta índole hacia otras personas, aunque sepamos que somos seres sociales por naturaleza y que dicha condición nos posibilita el alcance de una vida más plena.

TENDENCIA A PENSAR EN TÉRMINOS DE CAUSAS Y CONSECUENCIAS

De ahí parte la propia noción de justicia, entendida en términos de equidad social en cuanto a comportamientos. En este punto nos podríamos remitir una vez más a cuestiones referidas al altruismo.
El altruismo hemos de entenderlo desde la perspectiva de la necesidad de reciprocidad: “todo lo que hagas, tarde o temprano tendrá su consecuencia”. Así, las acciones positivas que dirigimos hacia l@s demás, no van en un sentido de obtener recompensa inmediata, sino con la perspectiva de que actuamos de la misma forma en que quisiéramos que los demás nos trataran a nosotr@s en una situación de índole similar.

Lógicamente, cuando no hablamos en términos positivos, ¿qué sucede cuando algún acto de otra persona nos causa daño o nos ofende de alguna manera? Puede emerger entonces el sentimiento de venganza.
Por lo tanto, el altruismo sería aquel sentimiento propio y resultante de las buenas acciones; por contra, la venganza lo sería de las malas acciones de otras personas.
venganza

¿QUÉ PUEDE LLEVARNOS A EJECUTAR UNA VENGANZA?
La sensación de venganza no implica maldad. Simplemente se trata de un sentimiento típicamente humano, que emana de una sensación de enfado con cierta intensidad.
Ahora bien, el acto de vengarse (llevar a cabo o ejecutar la venganza) se trata ya más bien de una cuestión puramente cultural, aunque mediada también por características personales:
**IMPULSIVIDAD: el sentimiento de venganza suele ser inmediato al acto.
Hay mayor probabilidad de llegar a actuar en el momento en el que llega la ofensa cuanto mayor grado de impulsividad se posea.
**AUTOESTIMA / AUTOCONCIENCIA: el odio hacia los demás y el interpretar “mala intencionalidad” en la mente del otro va a depender en gran medida de cómo nos encontremos emocionalmente nosotr@s mism@s.
**INTROVERSIÓN / EXTRAVERSIÓN: En la introversión, la tendencia a manifestar el enfado es de manera interior. En la extraversión, por contra, existe una mayor necesidad de “sacarlo fuera”.
**PERFECCIONISMO / CONFORMISMO: todo tiene que ser y que quedar “perfecto” desde una perspectiva individual. Obviamente, si lo entendemos sólo como tendencia, no resulta problemático en absoluto (al contrario más bien). Sin embargo, cuando no genera sensaciones placenteras, se es excesivamente meticulos@ y no se aplica el grado de empatía adecuado, con una excesiva exigencia no sólo hacia un@ mism@, sino también hacia los demás, se puede incluso a perder un cierto contacto con la realidad, y por tanto, juzgar determinadas situaciones con un grado de subjetividad muy elevado.
Si dichas situaciones generan sentimientos negativos, también poseerán un elevado grado emotivo… lo cual puede ocasionar mayor probabilidad de deseo de ejecutar una “venganza”.

En lo referente a este tema, pensemos que no se trata de pensar en términos de la existencia del bien o del mal, sino de las repercusiones que nuestros actos (e incluso nuestras actitudes) pueden llegar a tener sobre los demás.

SOBRE EL LENGUAJE Y LA COMUNICACIÓN

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Cuando abordamos temáticas relacionadas con el desarrollo del lenguaje, parece existir una cierta tendencia a mostrar mayor interés por la expresión, dicción, riqueza de vocabulario y articulación del mismo (que l@s niñ@s aprendan a pronunciar correctamente) más que por aspectos más propiamente comunicativos o pragmáticos (uso social del lenguaje).
La comunicación implica poseer una consideración por el interlocutor u oyente para así modular nuestra expresividad y comunicar en consecuencia lo que realmente deseamos, libre de sesgos, dobles sentidos o interpretaciones incorrectas por su parte.
Es decir, requiere un esfuerzo por parte del hablante para poder expresar sin lugar a incertidumbre aquello de “me responsabilizo de lo que yo digo, no de lo que usted entiende”. A este respecto, me atrevería a añadir que “me responsabilizo de lo que yo emito”, aplicando por lo tanto un sentido puramente intencional en lo referente a la preocupación por parte del hablante por que su mensaje llegue correctamente al oyente que desea y por las vías adecuadas, prestando especial atención no solamente a la palabra, sino también a la propia expresividad.
¿QUÉ SUCEDE CON L@S NIÑ@S?
Lo cierto es que no solemos mostrar pautas de comunicación adecuadas y por tanto corremos el riesgo de no estar resultando un modelo adecuado en el que se vean reflejados para su posible aprendizaje del lenguaje y la comunicación.
Aunque entendamos que en el desarrollo del lenguaje intervienen múltiples variables, en todo caso, el modelo que aportemos las personas adultas ha de entenderse desde la perspectiva de no una mera imitación, sino de aceptación de ciertas pautas de comunicación social como válidas.
Si solamente fuera una imitación o copia llevada a cabo en la infancia, el cambio de perspectiva  en la edad adulta sería más sencillo… pero obviamente no es así.  Porque lo que proporcionamos a la infancia son patrones sociales,  con lo que aprender pautas de actuación adecuadas en cuanto a la comunicación se torna más complicado en la edad adulta, ya que el cambio ha realizar ha de entenderse desde una perspectiva mucho más profunda.