“PAPÁ…MAMÁ….EN CLASE SE METEN CONMIGO”

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El bullying o acoso escolar no es un tema novedoso. El hecho de que en la actualidad se hable con mayor frecuencia de ello no implica que no se haya dado con anterioridad, como en ocasiones se tiende a creer.

“Son cosas de niños” tiende a ser una frase con la que se pretende restar importancia al acoso o en el peor de los casos, eximirse de la responsabilidad correspondiente.

Ciertamente, si lo que deseamos es erradicar en la medida de lo posible esta lacra, hemos de analizar cada situación de manera individualizada para actuar en consecuencia. Sin embargo, en todo caso, convendría comenzar por el principio, puesto que el primer paso debería ir centrado en un análisis desde la base, que no es otra que revisar todo un sistema de creencias en torno a cuestiones educativas de tipo social, partiendo de la base por tanto del grado de responsabilidad que a cada persona nos corresponde.

¿Somos realmente conscientes de la importancia que tiene nuestra forma de entender la vida y de actuar ante la misma, sobre la educación de nuestros/as hijos/as? Recordemos que no sólo se educa con la palabra, sino también con el ejemplo. Dediquemos un tiempo a analizar ciertas cuestiones relevantes que pueden tender a pasar desapercibidas:

  1. EDUCAR PARA LA AUTONOMÍA

Todas las personas necesitamos sentir que poseemos la autonomía suficiente para poder llevar a cabo nuestra vida tomando nuestras propias decisiones e intentar desligarnos de la dependencia de otras. Quizá es por ello que intentamos educar a nuestros/as hijos/as para que puedan ser seres autónomos e independientes, lo cual no resulta en absoluto negativo (más bien al contrario). Cuando nos empiezan a decir “déjame que lo haga yo solito/a”, el hecho de que les permitamos hacerlo supone mucho más que el hecho de respetar una decisión suya, con ello les estamos mostrando que confiamos en sus posibilidades. Cuando observamos una reticencia a que desarrolle una habilidad para la que sabemos que está preparado/a, incluso es conveniente que le alentemos (que no obligar) a probar a actuar y que no se retraiga simplemente porque tenga miedo a probar algo nuevo.

Sin embargo, no nos confundamos: hay numerosas ocasiones en las que nos necesitan, de la misma forma que nosotros/as mismos/as seguiremos necesitando en la vida adulta el apoyo de aquellas personas importantes en nuestra vida. Educar en la autonomía por lo tanto, no tiene nada que ver con dejarles solos/as cuando más nos necesitan, como es el caso de la gestión emocional o ser su apoyo cuando necesitan de nuestra atención y sentirse escuchados/as porque tienen un problema. Una cosa sería por tanto dejarles probar y hacer “ellos/as solos/as” en aquellos casos en los que es un paso necesario para su autonomía personal y otra cosa muy diferente “dejarles solos/as”.

Por lo tanto, si un/a niño/a se siente mal porque percibe que alguien de su clase no se está portando bien con él o con ella, debemos estar ahí para escuchar atentamente, de manera empática, sin juzgar y por qué no, consultándole primero en el caso en que consideremos pertinente nuestra intervención de alguna forma. Si deseamos que confíe en su familia, es ésta quien le ha de hacer notar que puede confiar y que va a ser respetado/a en sus sentimientos.

2. ENSEÑAR A RELATIVIZAR

Es importante que desde la familia no se haga un mundo de todos aquellos problemas que acontecen. Deberíamos saber priorizar entre aquellas cuestiones con solución sencilla y en consecuencia aplicarla, mostrando por tanto la importancia de actuar y no permanecer en la pasividad. También es necesario llegar a entender que hay ciertas preocupaciones que se minimizan, e incluso dejan de serlo, cuando se comparten con las personas adecuadas. Y por supuesto, aprender a aceptar que no todo en la vida depende de nuestra actuación por existir muchos más factores implicados en la posible solución a un problema. sin olvidarnos que no siempre tenemos la razón y que un mismo fenómeno puede llegar a ser percibido de distintas formas, tantas como personas que lo estén observando. Eso es aprender a relativizar.

En cambio, no le quitemos importancia a sus problemas pensando que así aprenderá a relativizar las cosas. Hay problemas en la vida que sí importan, especialmente cuando pueden estar causando o llegar a causar daño moral, y utilizar el recurso en ese caso de llegar a decirles “eso no tiene tanta importancia”, puede llegar o bien a que aprenda a adoptar una postura sumisa de indefensión, o bien a dejar de considerarnos las personas adecuadas a las que acudir cuando tenga un problema.

3. MEDIR NUESTRA PROPIA ESCALA DE VALORES

En nuestra cultura tendemos a utilizar el sentido del humor como recurso útil y necesario para afrontar determinados problemas o para enfrentar nuestros propios miedos (muchos de ellos generados por desconocimiento de la otra parte). Es por ello que cuando aprendemos a ironizar y a reírnos de nuestra situación, todo acaba resultando mucho más llevadero.

Cuidado sin embargo cuando la ironía se convierte en burla. Una cosa es que sepamos reírnos de nosotros/as mismos/as y otra muy diferente hacerlo de los demás: el sentido del humor deja de cumplir esa función sana y necesaria cuando de un chiste no nos reímos todos/as. Cuando una persona adulta ironiza acerca de cómo es otra (gordura, delgadez, según cómo vista o el peinado que lleve, si tiende a la distracción, etc), sin importarle si eso afecta o no a la persona implicada, y además lo hace en público (incluso delante de niños(as) intentando provocar la risa en el personal, la imagen que se está dando no es otra más que están permitidas las faltas de respeto siempre y cuando luego podamos escudarnos en el sentido del humor, acogiéndonos a “tan sólo era una broma, no te lo tomes a mal”.

No debemos olvidar por último un aspecto de suma importancia a tener en cuenta: el uso y la expresión de la violencia. Está tan socialmente aceptada que no se penaliza el utilizarla como recurso válido para solventar ciertos problemas, al contrario se admite y justifica su uso, alegando que forma parte del propio ser. No nos llevemos a engaño: los seres humanos nacemos con emociones básicas, como la ira, la cual puede llegar a resultar desmesurada incluso dependiendo de diversos factores, pero distingamos entre el sentimiento y el acto. Sentir ira es humano, actuar con violencia es el resultado del aprendizaje.

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2 comentarios sobre ““PAPÁ…MAMÁ….EN CLASE SE METEN CONMIGO”

    esthervaras escribió:
    agosto 17, 2015 en 18:45

    Muy interesante. Gracias un saludo

      soniahec respondido:
      diciembre 14, 2015 en 11:29

      ¡Gracias Esther!!
      ¡Saludos! 🙂

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