ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES Y EL “SÍNDROME” DE IMPOTENCIA

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Muchas personas convivimos con otras especies, lo que comúnmente se denomina como “tener mascotas”. Y sabemos que nos aportan muchos beneficios, como experimentar ciertas sensaciones de las que en ocasiones carecemos en el mundo industrializado, tales como la compañía, la lealtad o la fidelidad. Somos su referente en la forma que acaban teniendo todos estos animales a la hora de percibir el mundo en el que se están criando, y todo ello conlleva que nosotros/as a su vez les podamos aportar unos mínimos para que sus condiciones de vida sean óptimas. Si convivimos con un perro, no sólo necesita que le proporcionemos alimento: éste necesitará salir, correr, jugar con otros perros. Si es un gato quien nos acompaña en casa, también necesita su espacio, que le demos afecto en la misma proporción en la que le permitimos disfrutar de sus momentos de descanso. Si es un ave, un pez o un reptil, tendemos a observarlos y quisiera pensar que en numerosas ocasiones cuando les vemos a través de los barrotes de su jaula o del cristal de su pecera o su terrario, nos lleguemos a preguntar si es justo que este animal nacido para ser libre termine sus días en un hábitat tan sumamente reducido. Todos los animales poseemos unas necesidades concretas propias de cada especie, pero compartimos al menos un punto común: el ansia por la sensación de libertad.

¿Qué es la libertad?…quizá deberíamos preguntarnos. La respuesta puede llegar a ser de lo más variopinta e irá en función probablemente de las carencias que cada persona perciba en sí misma. Para un operario sujeto a un trabajo por turnos, estático y repetitivo, el concepto de libertad podría ser interpretado como “la posibilidad de poder elegir cómo quiero llevar mi día a día, sin estar sujeto a unos horarios que desestabilizan mi vida y la vida de las personas con las que convivo”. Para una persona que ha perdido su empleo después de más de 20 años trabajando, la libertad podría ser entendida como “el derecho a poder trabajar y llevar una vida digna, de tal forma que mis preocupaciones giren en torno a no a lo urgente, sino a lo realmente importante, no a cómo voy a poder pagar la próxima factura”. En este punto, cabe sin embargo reflexionar en torno a lo que estas dos personas podrían necesitar en común, lo cual nos lleva a una respuesta quizá mucho más acertada de lo que realmente supone ser libre: “libertad entendida desde la perspectiva de no sentirnos coartados por el medio que nos rodea, que en todo caso funcione como facilitador de la misma, no como un hándicap constante a superar”.

Robert J. Sternberg, dentro de su Teoría Triárquica de la Inteligencia nos habla de 3 componentes de la misma, dentro de los cuales se haya la Subteoría Contextual-Práctica, haciendo referencia a su vez a 3 procesos:

1- ADAPTACIÓN: cambios que cada individuo efectúa en sí mismo, previa observación del medio que le rodea, con el objetivo de encajar de forma adaptativa en él. En castellano, de hecho, nuestro refranero popular nos dota de la sabiduría necesaria para entender este concepto: “allá donde fueres, haz lo que vieres”.

2- CONFORMACIÓN: cambios que cada individuo lleva a cabo sobre el ambiente para que éste se adapte mejor a sus propias necesidades. Quizá en ese sentido fue por el que Thomas Carlyle, historiador y crítico social británico del siglo XIX, dijo “De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive; pero siempre le es posible mejorarlos”

3- SELECCIÓN: observación de un ambiente alternativo diferente al que rodea habitualmente al individuo, lo cual le lleva a efectuar un cambio activo a dicho ambiente. Difiere del anterior proceso por tanto, en el que cambio realizado no es directamente sobre el propio medio, sino que su actividad se dirige hacia un cambio de medio.

Estos procesos nos proporcionan una importante base para llegar a comprender el desarrollo de nuestra propia inteligencia contextual, el cual obviamente no va a ser ajeno al medio en el que cada individuo se desarrolle. Un ambiente opresivo y rígido no permite un desarrollo óptimo de la misma, de tal forma que en lugar de entender que los 3 procesos pueden ser propios de cada persona, el individuo puede llegar a sentir que no tiene posibilidades de conseguir efectuar cambios de tipo social que posibiliten la sensación de la tan ansiada libertad, lo cual puede a su vez generar un profundo sentimiento de impotencia ante la injusticia que supone tener las manos atadas para actuar.

De ahí la denominación de “síndrome” de impotencia, la cual no va en el sentido de colocar un nuevo apelativo o etiqueta patológica, sino en la dirección de describir cómo puede llegar a sentirse cualquier persona que sienta que se desenvuelve en un medio que coarta constantemente su libertad. Un medio que no actúa como facilitador de su desarrollo, sino que por contra se empeña en meterle en una jaula o pecera, que le llama desagradecido por no apreciar sus cuidados y que además se jacta de estar haciendo todo esto por su bien.

Voy a pedir que hagamos un cambio en algunos de los sustantivos que aparecen a lo largo de todo este texto y reflexionemos en torno a cómo puede sentirse una persona con altas capacidades intelectuales, desenvolviéndose en un medio que no se esfuerza por comprenderle, que le exige, pero no le aporta en una proporción similar.

Lo que se les está pidiendo es que se limiten a esforzarse por desarrollar el primer proceso, pero obvian de manera alarmante el segundo, lo cual suele conllevar a la persona con altas capacidades una incesante búsqueda del tercero como vía de escape. De hecho, probablemente es por ello que numerosas familias de niños y/o niñas identificados como de altas capacidades intelectuales no descansan en su incesante búsqueda de un centro educativo que responda adecuadamente a sus necesidades REALES, a propósito de las cuales hablaremos en otro artículo.

No nos engañemos, sin embargo. Porque los 3 procesos, adaptación, conformación y selección, siempre pueden (y deben) hacerse patentes y bajo las siguientes consideraciones:

1- La adaptación no debe confundirse con ocultación de uno/a mismo/a, sino que ha de ser entendida como una posibilidad de aporte personal al medio que nos rodea.

2-  La conformación no involucra únicamente a la persona con altas capacidades, sino que implica un trabajo activo de todos aquellos agentes sociales implicados en el bienestar de la población en general.

3- La selección ha de realizarse de manera voluntaria, no forzosa. Es decir, que cuando un individuo decide cambiar de ambiente, que no sea porque en el que se está desenvolviendo se niega deliberadamente a proporcionarle más opciones.

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