EL DESARROLLO MORAL EN LA INFANCIA

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Se ha tendido a mantener la creencia, que aún persiste, de que los niños y las niñas son como una especie de seres indefinidos que algún día serán personas cuando se conviertan en personas adultas. Como si eso fuera un premio, ¡pobrecitos!. Y para lograr esta meta se hace necesario inculcarles un código moral, unos valores con los que regirá su vida. Así tendrá que ser, efectivamente, pero hemos de cambiar muchos prejuicios… demasiados, para que este logro resulte beneficioso, no sólo al niño o la niña en cuestión, sino también al resto de la sociedad.

Prejuicios acerca de la infancia
1) El prejuicio desgraciadamente más extendido es el mencionado ya en la primera línea de este texto: el empeño en tratar a la infancia como si no fuesen personas con los mismos derechos que el resto de la humanidad. Y esta cuestión es la que probablemente haya que erradicar para lograr que deje de existir el castigo físico como medida “educativa” válida, con indiferencia de lo “fuerte” que se le dé, o la parte del cuerpo donde se aplique.
Por supuesto que esto no implicaría empezar a tratar a niños y niñas como personas adult@s en pequeñito, sino simplemente como seres humanos con unas características muy concretas propias de la etapa del desarrollo en la que se encuentran.

Todas las etapas de la vida tienen sus particularidades. Sus puntos fuertes y débiles. En la infancia existe una mayor posibilidad de adquirir conocimiento, mayor apertura a todas las novedades que puedan ir encontrándose cada día. Pero no todo es tan idílico, tan libre de dolor, tan ausente de tristeza, como algunos adultos se empeñan en recordar. La sensibilidad ante la injusticia social se desarrolla tempranamente, especialmente por no considerar muchos de sus derechos en los entornos más cercanos. Y de ello se dan perfecta cuenta.

2) Para que el niño o la niña aprenda, el método quizá con menos efectividad real (aunque el que lo aplica puede tener la falsa creencia de que funciona) es el método “porque lo digo yo“. No resulta válido para el aprendizaje, sólo se aprende a “cómo hacer las cosas sin que mi papá/mamá se entere”. Puede resultar relativamente cierto que cuando el/la niño/a aún no está lo suficientemente desarrollado cognitivamente como para entender lo que está bien o lo que está mal (o mejor aún, lo adecuado o lo inadecuado), lo que impera es más bien la norma más guiada que consensuada. Pero cuidado de no sobrepasar ciertos límites.

El mejor método: guiarles y dejarles compartir, consolar y ayudar
Una cuestión a recordar sería que la “moral”, los “valores positivos” no tienen por qué ir necesariamente ligados a lo tradicional. Si bien es cierto que existen valores que persisten, también hay que considerar que han de ser adaptados conforme a la evolución social y personal, por lo que se irán añadiendo ciertos matices.

Cuando se oye que se hace necesario retornar a la “familia tradicional”, de manera prácticamente inmediata hemos de preguntarnos: ¿a qué se están refiriendo? ¿a que la mujer se dedicaba a su casa y sus hij@s? Quizá aquí dentro no están incluyendo a la mujer que vivía en zona rural, que a parte de estas tareas, trabajaba el campo y con el ganado… ¿una vez más, confundiendo los concepto de trabajo y empleo remunerado? Además, ¿nos están intentando convencer que pasar 24 horas al día en casa y con un@s niñ@s va a hacer que estés siempre con la sonrisa puesta?
En todo caso, a la hora de considerar no sólo el momento del desarrollo de cada niño, así como lo que hacemos de manera explícita para contribuir a que la adquisición de “valores” se desarrolle de una forma óptima, me gustaría que tuviésemos en cuenta además lo que mostramos de manera implícita, o lo que es lo mismo, lo que hacemos (no sólo lo que decimos).

Más que retórica en estas preguntas, pretendo incitar una vez más a la reflexión crítica:

1) ¿Estamos seguros que esconderse para llorar va a ser siempre positivo en el desarrollo del niñ@? Aunque con ciertos límites (no confundamos el dramatismo con la expresión de sentimientos). ¿Realmente puede resulta adecuado ofrecerle el modelo de que si estás triste, has de escondérselo a los demás? Que nos escondamos, no significa que ell@s no se den cuenta. Quizá permitirles que entiendan el motivo de la tristeza, e incluso que tengan la posibilidad de consolar resulte más adecuado para su desarrollo y les sirva de apoyo para un correcto desarrollo en su propia gestión emocional.

2) Un@ hij@ es lo más grande. Evoca los sentimientos más profundos y fuertes que ningún ser humano podría llegarse a imaginar, en ocasiones en positivo (amor) y en otras no tanto (ira). Pero ¿estamos segur@s que renunciar a todo por un@ hij@ es proporcionar un buen modelo? Suelo poner un ejemplo: si a la hora de la comida, uno quiere repetir, ¿es adecuado que la madre se quede ese día sin ese plato? ¿no puede estar sucediendo que le estemos dando un mal ejemplo de “sumisión”?

3) De manera bastante temprana, disfrutan haciendo cosas ell@s sol@s. Es parte del desarrollo de su autonomía. Cuando vamos con prisa a todas partes, a veces no les permitimos vestirse sol@s, calzarse, recoger, etc.

Mostrarles que las tareas no son divertidas, ni agradables, sino una imposición porque hay que hacerlo todo rápidamente no acaba resultando lo más adecuado. ¿Por qué extrañarnos de que conforme van creciendo, más reticentes se hacen a la hora de desarrollar ciertas tareas en el hogar?

Estos 3 puntos (y con toda probabilidad alguno más) son importantes por la sencilla razón de que las actuaciones justas y sociales se deben en principio más al desarrollo de la capacidad de empatía que a la propia capacidad de razonamiento cognitivo en sí.

Si esto se desarrolla adecuadamente, la razón va admitiendo progresivamente la importancia del desarrollo emocional. En este punto, l@s niñ@s irán aprendiendo a reflexionar, éticamente hablando, acerca de sus propias actuaciones… eso que solemos llamar desde la edad adulta, RESPONSABILIDAD.
(v.) Etapas del DESARROLLO MORAL según L.Kohlberg

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