Mes: marzo 2015

¿QUÉ ES ” LO NORMAL” EN LA INFANCIA?

Posted on Actualizado enn

Lo cierto es que necesitamos relfexionar más y de manera más profunda con respecto al tema del concepto de normalidad. Sabemos que la tendencia actual transcurre en torno a la creencia de que es normal aquello que es “habitual”, es decir, lo que hace, dice, piensa o siente la mayoría.

La noción fundamental que hemos de tomar como punto de partida no es otra que “lo normal” no puede resultar un hecho contradictorio a “lo natural“. Es decir, lo normal en un/a niño/a pequeño/ es lo que su propia naturaleza le dicta: correr, saltar, explorar, distraerse con cada elemento que pase a su lado, porque lo acaba de descubrir y eso lo convierte en un evento maravilloso. Recordemos los ensimismamientos que en ocasiones hemos tenido en nuestra infancia con las motitas de polvo que se perciben en el aire cuando de pronto un haz de luz entra a través de la ventana de la habitación: ¡¡maravilloso!! ¡¡mágico!!… “el aire se mueve y hace que se muevan esas motitas, aunque yo no sea capaz de percibirlo si no las miro directamente“.
En ese momento, si no profundizamos en lo maravilloso que resulta para la infancia descubrir esas pequeñas cosas que nos rodean… el viento que mueve al compás las hojas de un árbol, o eleva una bolsa de plástico hasta las alturas, la forma que parece que tienen las nubes, el movimiento de una mosca mientras está en pleno vuelo…. en lugar de centrarse atentamente a lo que las personas adultas les estamos diciendo en ese momento, podemos llegar a correr el riesgo de etiquetar a ese/a niño/a con un “problema” de atención.

El mundo es fascinante, solo que en la vida adulta nos olvidamos de esto, porque estamos demasiado ocupados en darnos prisa para todo, en dar importancia a aquello que en esencia carece de ella, a valorar mucho más lo urgente que lo realmente importante. Me sorprende la rapidez con la que se olvida cómo se sentía durante esos años infantiles, la manera en la que se percibía la vida y la necesidad de (ante todo) SER niño/a.

¿Qué es ser normal, pues? Es complicado. Entiendamos que según las propias circunstancias, la normalidad puede ser percibida en cada familia de manera diferente a lo “habitual”.

En todo caso, quisiera exponer la idea de normalidad a través de estos 4 puntos:
1) Lo normal en la infancia es poseer curiosidad.- Por lo tanto, la distracción estará a la orden del día y de hecho, así es lo deseable. La persona adulta responsable de su educación, en todo caso, debería de estar ahí para aprovechar ese momento, no para corregírselo. Por ejemplo, si los niños juegan a llenar los vasos con agua, eso es por alguna razón…. ¿y si lo aprovechamos para explicarles mediante su propio juego ciertas leyes de la física?…¡¡se están interesando por el estado de los fluídos!!
Una vez más, sale a colación la importancia del aprendizaje significativo.

2) Lo normal en la infancia es el movimiento.- Este hecho es una necesidad… sabemos que la mayoría de los/as niños/as no aprenden a andar, sino a ¡¡correrr!! Si nos parásemos a pensar detenidamente en ello, puede resultar mucho más complicado pretender que alguien de 5 ó 6 años se esté quieto y tranquilamente sentado durante varias horas que entender que de vez en cuando necesiten la actividad física. Mediante sus acciones experimentan con el mundo… y mediante las nuestras, procesan la información acerca de cómo es el mundo que la persona adulta percibe.

3) Lo normal en la infancia es el afecto.- Las personas adultas somos su referente, pero no solo en lo que a ideas o comportamientos se refiere. Somos además su referente de cariño, de afecto, de amor… un/a niño/a necesita ese cariño tanto como el respirar. Necesita sentir que efectivamente es la persona más importante en tu vida. No basta con que tú lo sepas: él o ella necesita también saberlo mediante hechos: tus actos y tus palabras.

Y también necesitan procesarlo, mediante la solidaridad hacia sus semejantes… en la mayoría de las ocasiones, el egoísmo no es innato, sino que se aprende porque no hemos sabido ofrecerles las pautas necesarias que diferencian la importancia de la defensa de los propios derechos de la insolidaridad.

4) Lo normal en la infancia es la diversión.- El juego en los/as niños/as no solo implica distracción u ocio. Es la base de su aprendizaje: aquello que aprenda jugando será lo que con mayor fuerza se adhiera al recuerdo. Y el juego puede proponerse, pero ante todo es libre. Es su momento. Es el instante en el que las normas las ponen ellos y ellas, las decisiones las toman autónomamente y muestran su verdadera capacidad de organización, sus verdaderas pasiones y talentos.

…y es que todos los niños y niñas son normales dentro del gran abanico que nos presenta la diversidad. Yo soy normal. Todas las personas lo somos… solo queda esperar a que llegue la comprensión de que para que quepamos en este mundo todas las personas normales, debe existir una palabra mágica: RESPETO. Y a partir de ahí, cada una de nosotras, como personas “normales” que somos, tenemos derecho a decidir cómo sentir y cómo expresar nuestra propia “normalidad”.

ALTA SENSIBILIDAD Y SOBREDOTACIÓN INTELECTUAL

Posted on Actualizado enn

“Las sobreexcitabilidades son emociones innatas que indican una alta capacidad de respuesta a los estímulos. Se encuentran en un grado superlativo en los sujetos altamente creativos y en los superdotados. Se expresan en una mayor sensibilidad, conciencia e intensidad”
Kazimierz Dabrowski


Cierto es que no todas las personas con una cierta hipersensibilidad son superdotadas… y en ocasiones da la sensación que también se produce una relación a la inversa: no todas las personas superdotadas parecen estar mostrando una sensibilidad en ocasiones exacerbada ante el mundo que les rodea.
Reflexionemos un poquito en torno a este tema…

¿QUÉ ES LA SENSIBILIDAD?
Habitualmente traducimos el término sensibilidad desde una idea unitaria, es decir, como aquella capacidad que nos permite sentir y emocionarnos incluso a través de la percepción de pequeñas cosas a los ojos de las demás personas, pero que para nosotr@s… son un mundo de intensidad emocional que provoca ciertas reacciones que en ocasiones son percibidas por el ojo ajeno como “exageradas”.
En nuestra cultura, ser sensible ha adquirido una connotación de debilidad, de vulnerabilidad. Hay mucho trasfondo en este tipo de interpretación, puesto que tradicionalmente se ha atribuído al género femenino (nada más lejos de la realidad) y a aquellas almas sensibles capaces de percibir y sentir las injusticias de este mundo, lo cual se traduce en una forma de percibir la vida desde el sufrimiento y la penuria, por lo que hay mayor probabilidad de padecer una cierta inestabilidad emocional.
Cuando utilizamos únicamente este tipo de interpretación, podemos llegar a pensar erroneamente en que cuando tenemos un@ niñ@ con alta capacidad intelectual y emocional, será un sufridor nato… e insisto: nada más lejos de la realidad.
La sobre-excitabilidad emocional, sin embargo, no es exclusiva de personas con un alto potencial intelectual. ¿Qué es entonces lo que hace que posea en el caso de la superdotación una connotación diferente?

Cuando desde la psicología pugnamos por un apoyo en la gestión de las emociones, estamos refiriéndonos a otro tipo de cuestiones subyacentes a esta capacidad.
Analicemos, pues, otro tipo de vertientes en torno a la sensibilidad:

1* Perceptibilidad. Entendido como grado para percibir mayor estimulación del entorno. Cuando esta capacidad se desarrolla de manera temprana, hay determinadas cuestiones que no pasan desapercibidas aun cuando estemos ante un@ niñ@ de corta edad.
Son cuestiones relativas a la comunicación no verbal: gestos, tono, expresión facial, ironía,…. de manera habitual en las altas capacidades se percibe todo este añadido a lo puramente verbal, de tal forma que tan importante es lo que decimos como lo que hacemos en el momento en el que lo estamos verbalizando. Y de manera especial, importa la coherencia que apliquemos en nuestro comportamiento posterior. Por ejemplo ¿cómo exponer que es importante solucionar un problema con otra persona sin levantar el tono de voz si nuestros conflictos los solucionamos a gritos?

2* Sensitividad. Paralelamente a la cantidad de información que se percibe, se encuentra la intensidad con la que se experimentan sensaciones al respecto, las cuales pueden ser contradictorias, especialmente cuando aún no se posee la experiencia necesaria para entender tanta contradicción.
En este punto, hemos de pararnos un momento a reflexionar acerca de la dificultad que puede entrañar para una persona (en edad infantil y también adulta) procesar ciertas sensaciones a las que no se les puede hallar explicación coherente, puesto que no disponemos de información que nos ayude a entender el porqué nos sentimos de la forma en la que lo hacemos.
Pongámonos en el caso de una persona adulta que al conocer a otra, no sabe exactamente por qué… pero no le ha gustado ese contacto, no le dado buena espina. Es probable que no tenga nada que ver con lo que ha dicho, sino con algo que no ha llegado muy bien a comprender, puede que por su tono, puede que por la manera de expresarlo… pero ciertamente, esa persona le ha hecho sentir incomodidad, la cual no va a desaparecer hasta que no se extraiga un análisis del motivo. En ocasiones tendemos a atribuir esta sensación a nuestra capacidad intuitiva, lo cual puede resultar acertado. Pero la intuición no es un don alejado de nuestra experiencia.

3* Emotividad. Cuando hemos percibido algún tipo de estímulo, lo cual nos ha generado una sensación al respecto, es inevitable que ello desencadene un mayor grado de emotividad acorde y coherente al grado en el que se haya percibido y sentido.

Cuando percibimos una reacción emotiva en un@ niñ@ superdotad@, se tiende a atribuir dicha reacción a una cualidad innata, es decir, a una capacidad emotiva en ocasiones percibida como excesiva. Sin embargo, nunca debemos olvidar que en realidad se halla íntimamente ligada a la forma en la que ha procesado la estimulación proviniente del exterior, no surge de la nada… siempre hay un porqué.

Lo que suele suceder, es que quizá está percibiendo y sintiendo con mucha intensidad cierta información del entorno, para la cual aún no posee la madurez necesaria para poder procesar adecuadamente. Este tipo de cuestiones son las relativas a lo que Terrassier ha denominado disincronía emocional:
“La gran capacidad intelectual del niño superdotado o con altas capacidades intelectuales puede producirle angustia, ya que emocionalmente todavía es inmaduro. Tiene una riqueza mental extraordinaria que es difícil de procesar. Además, el hecho de saberse y sentirse diferentes al resto puede provocarles baja autoestima, estados de ansiedad o depresión. No es necesario que los adultos traten de razonar con el niño para que este exprese sus temores, animándole y aconsejándole acerca de sus problemas o preocupaciones. No debe caerse en el error de considerar al niño superdotado como si fuese un adulto capaz de desenvolverse por sí mismo, ya que, aunque intelectualmente se encuentren en un umbral superior a su edad, a nivel emocional, no se encuentran superior que los otros niños. Aunque se deben inculcarle actitudes que remarquen su diferencia, no se lo debe mantener alejado del trato con otros niños en lo absoluto. La afectividad es también de mucha importancia.” (Fte. Wikipedia)

4* Susceptibilidad. La percepción de información en un elevado grado (no sólo en cuanto a “cantidad”, sino también en lo referente a la interpretación que haga de la misma), puede llegar a ocasionar, especialmente ante situaciones percibidas como injustas, ciertas reacciones en las cuales nos percatamos que nuestras expresiones y comportamientos provocan en él/ella una serie de reacciones que percibimos como “excesivamente susceptibles”.
Es habitual que las familias describan ciertas situaciones en las que ante algo que se le ha comentado (por ejemplo, una broma) o ante una forma en la que se ha actuado (como por ejemplo, no cumplir una promesa), la reacción emocional ha sido muy intensa.
No tiene tanto que ver con la literalidad con la que en ocasiones perciben el mundo, sino más bien con la necesidad de encontrar un sentido a todo lo que les rodea: “si la persona en la que más confío no es capaz de cumplir una promesa, ¿cómo puedo volver a confiar en mi madre/padre? Me ha mentido y siempre me dice que no se debe mentir”. Tiene que ver con la necesidad de sentir que se encuentra en un entorno que le aporta seguridad y apoyo para entender las relaciones humanas.

5* Resiliencia. Este sería uno de los puntos que más habría que tener en cuenta y consideración a la hora de entender la sobre-excitabilidad emocional. Las reacciones con una importante carga emotiva no conllevan solamente sufrimiento, sino que además les dotan de una capacidad también en un elevado grado, para poder sobrellevar y sobreponerse a las adversidades percibidas del entorno.

Aquí es donde familias y profesionales debemos poner especial interés: una elevada emotividad y sensibilidad no conlleva necesariamente mayor carga de sufrimiento gratuito, sino que también con nuestro apoyo, podemos proporcionar el desarrollo de una serie de estrategias y herramientas para superarlo, lo cual redundará en un fortalecimiento de su propia autoestima y autoconfianza.