Mes: noviembre 2014

DIAGNÓSTICOS ERRÓNEOS EN LAS ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES

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He de reconocer que me resulta curioso. ¿Por qué suele resultar más común la tendencia a buscar un trastorno cuando la realidad va por otro camino? Creo, honestamente que el tema va más allá de una especie de “empeño patologizador” de todo lo humano. Más bien creo que el problema radica en un “empeño simplificador”, que reduce lo concerniente a la inteligencia en meras conductas observables, sin importar lo que subyace a las mismas, es decir, el porqué, la explicación, el motivo por el que esa persona hace lo que hace, siente lo que siente, en definitiva, razona lo que razona.
Por eso desde la psicología también debemos pugnar por un cambio paradigmático, o más bien, retomar cuestiones propias de un paradigma ya existente y no precisamente “novedoso” (aunque a veces, por la práctica actual, parece olvidado), que en lugar de restar importancia al contenido inteligente, se la otorga toda: el Constructivismo.
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He rescatado este artículo de Webb, Amend et all. Me gustaría pedir, como suele ser habitual en mí, una lectura profunda. Me refiero a empaparse de conocimiento, pero no sólo asimilando el contenido, sino aportando de un@ mism@… pros y contras, acuerdos y desacuerdos… en definitiva, pensamiento crítico y constructivo.

¿Por qué los niños superdotados están recibiendo tantos diagnósticos erróneos?

Existen 2 razones principales. La primera, es la falta de conocimiento específico por parte de los profesionales. Consecuencia de ello, confunden ciertas características de la superdotación con uno o más desórdenes.
Los asesores psicopedagógicos de los colegios, los profesores y otros profesionales como los psiquiatras, psicólogos y pediatras reciben poca formación específica que les permita distinguir entre los comportamientos que se derivan de la superdotación de los que se derivan de los desórdenes diagnosticables del comportamiento(Harnett, Nelson y Rinn, 2004; Silverman, 1998).

 Los ámbitos de la educación y de la psicología, así como otras áreas del cuidado de la salud, han ignorado durante mucho tiempo el campo de los niños y adultos superdotados y con talento -aquellos con una creatividad e imaginación substancialmente por encima de la media-. Aunque los niños y adultos retrasados han sido, durante mucho tiempo, sujeto de extensa investigación científica y estudio, en la práctica y entrenamiento clínico, se ha puesto mucho más énfasis en individuos que muestran dos o más unidades de desviacion por debajo de la media que en personas que muestren dos o más desviaciones por encima de la media habilidad. Los esfuerzos en le diagnóstico y el énfasis en los niños y adltos superdotades, dentro del campo de la psicología, han sido episódicos y menores (Hayden, 1984; Horowitz y O´Brien, 1985); la publicación de la Asociación Nacional de Niños Superdotados (EEUU, 2002) cita las necesidades de la investigación científica adicional en muchas áreas.
En segundo lugar, hay desórdenes, como la depresión existencial o la anorexia nerviosa, que son más probables de darse entre ciertos grupos de niños o adultos superdotados, por lo que los diagnósticos de estos desórdenes son, por tanto, mucho más necesarios (Neihart, 1999; Piirto, 2004; Webb, 199, 2001).
¿Cuántos de estos desórdenes son el resultado de la interacción entre el temperamento y el entorno? Los problemas inducidos por el entorno no se deberían considerar simplemente como “patologías de origen desconocido”. Cambiando el entorno pueden tratarse efectivamente muchas situaciones, En nuestra opinión,los profesionales de la salud podrían proveer de un mejor tratamiento si incorporasen a su planteamiento el conocimiento de la manera de funcionar la mente diferente de la persona además de su entorno, sea el entorno familiar, el del colegio o el de su lugar de trabajo.
También hemos de resaltar otro problema que influye potencialmente en la precisión de los diversos diagnósticos. Determinadas características de los niños superdotados llevan a los profesionales de la salud y de la educación, -no especializados-, a ignorar un desorden subyacente. Es decir, las características de la superdotación son confundidas con las de otra situación, haciendo que los diagnósticos y la intervención no sean precisos. Por ejemplo, la genialidad de un niño o joven puede encubrir una falta de habilidad para aprender determinados temas. Esta situación puede producirse durante diversos años, porque el niño superdotado puede absorber el material escolar simplemente escuchando, mirando o combinando su creatividad con astutas adivinanzas.
Muchos padres han descrito cómo sus hijos superdotados han usado sus habilidades verbales para “tratar de engañar” a los padres o al terapeuta haciéndoles creer que no hay problemas o incluso que los padres, en sí mismos, son el problema. Los  niños superdotados no suelen describir sus propios “atajos” o estrategias, y puede que minimicen o añadan un aspecto positivo en los problemas, por lo que dificulta al terapeuta a la hora de acertar en los problemas de verdad.
Algunos niños superdotados tienen una historia de diagnósticos múltiples o hasta conflictivos, sugiriendo que el problema es bastante severo o que el niño no encaja claramente en una categoría de diagnóstico. Si los diagnósticos sólo se basan en comportamientos comunes de superdotados, el niño podría acumular una larga lista de diagnósticos, donde cada uno atiende unos pocos aspectos de la personalidad del niño, pero no la describe plenamente.
Por ejemplo, hemos visto niños superdotados a los que se les ha dado simultáneamente los diagnósticos de Desorden Oposicional-Desafiante, el Desorden Obsesivo-Compulsivo, Desorden Bipolar y el Desorden de Asperger. Tales diagnósticos múltiples, sirven para enmascarar, estigmatizar y reforzar la sospecha de que “tengo algún problema”.
Los niños superdotados ya son excepcionales por naturaleza, y exhiben dramáticamente ciertas características de comportamiento, por lo que se hallan ante mayor riesgo de recibir múltiples diagnósticos que frecuentemente son erróneamente considerados como si se tratara de que el niño tuviera determinadas dificultades severas.

BENEFICIOS DE LA LECTURA

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En el último programa de “Hablando en Confianza” de esta temporada, emitido ayer, me apetecía tratar este tema, especialmente por si ahora que empieza el verano, a modo de un nuevo propósito cara al buen tiempo, y aprovechando que hay más horas de luz, nace el intento de adquirir el hábito de la lectura para aquellos que aún no se hayan decidido. La lectura no es patrimonio exclusivo del intelectual o del “estudiado”, como decía mi abuela. Es un bien común del que podemos disfrutar afortunadamente todos los mortales.

Y es que un día, leyendo un artículo a propósito de este tema en la revista “Mente y Cerebro”, se me iluminó la bombilla (que aunque a veces parezca que tiene pocos watios, de vez en cuando se sigue encendiendo).

Parece de sentido común que la lectura como hábito, o como hobbie, nos reporta ciertos beneficios. Pero ¿cuáles? Da la sensación a veces de que se realiza la afirmación de que “es bueno leer”, pero de la misma manera que se dice “hay que comer verdura” o “fumar es malo”. Con esto se puede caer en el error de pensar que son frases hechas sin otro criterio más que el de utilizarlas para los niños y así que vayan adquiriendo hábitos beneficiosos para su salud. En cambio, como gran parte de las creencias que pululan alrededor nuestro a lo largo de la vida, si no les encontramos un fundamento, el porqué se hace necesario ingerir esas “5 raciones” de verdura o fruta al día (y por favor, si alguien entiende la cantidad o proporción que supone “una ración”, que me lo explique) o leer de manera habitual (no sólo de vez en cuando, a modo de recordatorio, no vaya a ser que se nos olvide, como hablar un idioma), se corre el riesgo de llegar a creer que tan sólo es una leyenda urbana.

La lectura no sólo sirve para aprender más o saber mucho acerca de algo, tener mayor cantidad de información acerca de un tema o nutrir nuestro intelecto. Es un instrumento útil en nuestro desarrollo cerebral, y por lo tanto, vital.

Favorece el desarrollo cognitivo

Gracias a la lectura se favorece la estimulación de ciertas capacidades, como la percepción, la concentración e incluso la empatía. Cuando leemos un libro y nos adentramos en una historia en la que acontecen una serie de hechos y situaciones dispares, nuestro cerebro se activa de manera similar a cuando lo vivimos en la realidad y en primera persona. Así parece haber quedado patente en un estudio realizado en el año 2009 por la psicóloga Nicole Speer, de la Comisión Interestatal para la Educación Superior en Boulder. Cada individuo se introducía en el “tubo” del escáner, donde debían leer una historia (similar para todos ellos) y a la par se realizaba una RMN (resonancia magnética) gracias a la cual se obtenía el resultado de su actividad cerebral durante la lectura. Las conclusiones extraídas iban en el sentido anteriormente apuntado: la actividad cerebral era tan intensa como si dichos acontecimientos estuviesen sido vividos en la realidad.

Además, cuando leemos ciertas acciones descritas mediante oraciones complejas, su comprensión requiere cierta capacidad de representación. Es decir, hay muchos datos que no son descritos ni puntual, ni literalmente, así que hemos de complementar dichos detalles mediante nuestra experiencia e imaginación. Va más a allá de la deducción lógica e incluso de ese intento por adivinar lo que va a suceder en un futuro inmediato en base a unos datos o “pistas”.
De hecho, el ser humano necesita poseer en su mente la información completa acerca de los acontecimientos que le son descritos, por eso se complementa todo aquello que falta, de lo que no dispone de manera inmediata, con información de propia cosecha. Ayer mismo, estando en el estudio de radio, explicaba cómo algunos oyentes me han dicho cuando me conocen en persona que no tengo “la cara que le corresponde a mi voz”, porque tengo voz de chiquita joven, pero luego se nota que no lo soy tanto (¡menos mal que no soy mal-tomada!). Y eso probablemente se da porque al limitarse a oir mi voz por la radio, necesitan ponerle cara, complementarla con datos visuales para que tenga sentido.

Leer agudiza la astucia

Intentaremos exponer al menos 3 motivos para realizar tal afirmación, pero probablemente existan muchos más.

1) Descifrar palabras activa numerosas áreas cerebrales sobre todo en el hemisferio izquierdo. Al leer, el cerebro estimula las escenas ficticias en las que actúan los personajes.
Es decir, tal y como ya comenté en otro post de este mismo blog, aunque en referencia a otro tema (procesamiento en ACI), mediante la lectura, creamos una historia rica en contenido y significados, a la que aportamos gran cantidad de imaginación: datos visuales, auditivos, emociones, sentimientos… Por eso suele ser tan decepcionante ver una película basada en un libro que previamente hemos leído (a veces incluso del cual nos hemos empapado, absorvido). No sólo porque en ocasiones el guión puede llegar a cambiar el sentido original de la historia, sino además porque va a ser tremendamente difícil que emule y satisfaga nuestra riqueza imaginativa.

2) El entrenamiento en la lectura mejora la eficacia lectora (de niños y adultos), además de estimular el intercambio de información entre las distintas regiones encefálicas.
Retomemos el tema de la plasticidad neuronal (o cerebral). Con el ejercicio, se producirán un mayor número de sinapsis (conexiones interneuronales) y por lo tanto, poseeremos una mayor capacidad de desarrollo en determinadas áreas encefálicas.
Ahora bien, la lectura habría que seguir manteniéndola como un hábito. Cabe recordar que dichas conexiones, así como el incremento en el desarrollo de ciertas áreas, no se mantendrían estables: de desaparecer el hábito, volverían a niveles basales adaptándose a la nueva situación de inactividad.
Entendamos, por tanto, si se me permite el símil, que el ejercicio mental es al cerebro lo que el ejercicio físico a la musculatura. Se establece una relación en términos de proporción: a mayor ejercicio, mayor desarrollo; y a menor ejercicio, mayor “atrofia” (si no, que se lo digan al señor “negro negro” o Schwarzenegger para los amigos).

3) Las personas mayores que leen con mayor asiduidad, mantienen el intelecto en forma durante más tiempo, y también presentan menos síntomas de demencias.
Y de presentar algún tipo de demencia, ésta cursa de manera significativamente diferente, permitiendo una mejor calidad de vida.

Iniciarse en la lectura

Recomendaría ciertas cuestiones a todo aquel que le apetezca adquirir (o retomar) el hábito lector:
1) Indagar acerca de qué tipo de lectura es la que más le puede gustar. No vale cualquiera para iniciarse, sólo de manera especial aquel género que sea del agrado personal (sea el que sea). Quizá este punto es el que más se falla en ocasiones a nivel educativo.
2) No vale la obligación por imposición, sino por aceptación. O lo que es lo mismo, percatarse de que quizá requiera al principio algo de fuerza de voluntad, como la adquisición de la mayoría de los hábitos a los que no estamos acostumbrados, pero no es una obligación, sino porque realmente apetece hacerlo. De lo contrario, puede acabar generando más rechazo que placer.
3) Empezar poquito a poquito (centímetro a centímetro ;-)). Todos tenemos algún día “espeso”. De esos que leemos un párrafo 10 veces pero no somos capaces de quedarnos con el contenido….pues no pasa nada. Mejor cerrar el libro e intentarlo otro día que forzar una situación y llegar a la errónea conclusión de que “uno no ha nacido para eso de la lectura”.

Por lo demás, que disfrutéis del verano, de la playa o de la piscina para hacer desaparecer esos calores veraniegos….pero a la sombrita, y con un buen libro.

…y si a alguien aún le queda alguna duda de la importancia de la lectura (de libros impresos), le recomiendo este enlace: LEER NOS CAMBIA EL CEREBRO…MÁS DE LO QUE CREEMOS