CUÁNDO APRENDEMOS A SENTIR INDEFENSIÓN

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 Necesitamos sentir que controlamos nuestra vida.
El ser humano tiende a necesitar sentirse no sólo útil para sí mismo, sino también para los demás, y poder conformar así la propia autoestima. Necesitamos además sentir que se posee un cierto grado de control sobre la naturaleza, sobre el ambiente que nos rodea. Esto no significa ni implica que con ello podamos caer en la afirmación de que por eso se explica que vivamos en una sociedad donde unos controlan a otros como si de una tendencia natural se tratara, sino más bien al contrario. Si de algo nos dota la experiencia con prontitud es precisamente de la comprensión de que existen toda una serie de variables con las que hemos de aprender a convivir para poseer una calidad de vida óptima. Y una de esas variables, no es otra que el azar.
Por ejemplo, por mucho que avance la ciencia meteorológica, no siempre se va a poder predecir a ciencia cierta y con exactitud el tiempo que hará mañana.
Este ejemplo es una muestra de que efectivamente, esto es una de las primeras cuestiones que aprendemos cuando empezamos a manejarnos entre una ciencia: no se puede hablar de exactitud, sino más bien en términos de porcentajes, de tal forma que cuando afirmamos que un fenómeno X es debido a una variable Y, en realidad lo que afirmamos es que hay un porcentaje de probabilidad lo suficientemente alto como para determinar que X tiene lugar gracias a Y… pero también hay un porcentaje de probabilidad (aunque poco elevado) que nos indica que pueden existir otra serie de variables que pueden estar mediando, incluyendo la probabilidad e azar, especialmente en lo referente a la relación con otras personas.
Y ante este hecho, no deja de existir quien opine que no existe el azar, sino el destino, que aunque sea indemostrable, al menos no genera tanta sensación de incertidumbre. Sin embargo, si esto fuese así (que el destino es la explicación a hechos impredecibles o con poca probabilidad de ocurrencia), ¿de qué valor estaríamos dotando pues al esfuerzo por conseguir los diversos logros a lo largo de nuestro ciclo vital?

¿CUÁNDO APRENDEMOS A SENTIRNOS INDEFENS@S?

Imaginemos una situación de nuestra vida cotidiana que supuestamente deberíamos manejar con un cierto grado de control… ¿qué podría suceder si de pronto tomamos consciencia de que nada de lo que hagamos parece tener efecto sobre las consecuencias?
1- Que no estemos dotad@s de las estrategias necesarias para hacer frente a esa eventualidad. Por ejemplo, cuando un amigo con el que nunca hemos discutido, de pronto nos contesta a gritos, o como cuando en el colegio se nos informa de una actitud de nuestro hijo, la cual es totalmente diferente a la que observamos en casa…. necesitamos tomarnos nuestro tiempo para reaccionar.
2- Que sean cuestiones relativas al azar las que hayan poseído un mayor peso que nuestro esfuerzo. Por ejemplo, cuando nos hemos preparado una presentación de manera exhaustiva, pero el día que tiene lugar la misma enfermamos, o llegamos tarde por un atasco.
3- Que sean otras personas quienes nos impidan avanzar. En este caso y cuando se repite en el tiempo, hay una elevada probabilidad de generar el fenómeno de Indefensión Aprendida.

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CÓMO ACTUAR ANTE EL SENTIMIENTO DE INDEFENSIÓN
En primer lugar, cabe preguntarnos ¿por qué es necesario saber de dónde viene el origen de esta sensación?
No siempre se hallan respuestas en el origen (e incluso no siempre se halla el origen a todo lo acontecido), pero sí que es cierto que en su búsqueda podemos ir encontrando pequeños acercamientos al porqué, lo cual nos dota progresivamente a su vez de mayor sensación de seguridad en nosotr@s mism@s.
Habría que partir de la base de que no somos grandes expert@s, sino etern@s aprendices. Sólo con el mantenimiento de esta actitud, habrá mayor probabilidad de no caer en el sentimiento de culpabilidad por no haber conseguido un determinado logro.
Cuando dejamos de dotarnos del grado de “experto en”, somos conscientes de que cuanto más sabemos, de más información carecemos. Es decir, si ante una determinada situación no hemos sabido reaccionar adecuadamente, o nos hemos sentido paralizad@s, quizá es por no haber poseído toda la información necesaria para haber podido actuar en consecuencia.
Esto no nos exime de responsabilidad, pero sí en muchas ocasiones, de culpabilidad.

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