FACTORES DEL DESARROLLO de K.Dabrowski

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Los seres humanos no nos construimos sólo en base a nuestros éxitos o fracasos academicos y/o laborales, sino que existen otros muchos factores implicados en nuestro desarrollo, que si bien no llega a determinar nuestro ser, sí podríamos entenderlos como variables que podrían llegar a ejercer una gran influencia sobre el desarrollo de nuestra propia personalidad**.

Estas variables mencionadas estarían actuando como si de la letra pequeña en un prospecto se tratara, de tal manera que se transforma finalmente en la auténtica esencia del desarrollo, más allá de lo meramente observable a través de los sentidos.

Tomemos como ejemplo el hecho de haber padecido algún fracaso concreto, como el haber suspendido un examen. ¿Es el propio suspenso, como hecho objetivo, lo que en sí mismo posee ese peso negativo, el cual traducimos inexorablemente en un rotundo y sonoro Fracaso? ¿O quizá es el mensaje verbal o no verbal que acompaña a ese suspenso lo que condiciona en gran medida la forma en la que se desatan sentimientos relacionados con la frustración?

Obviamente no es lo mismo recibir apoyo por parte de las demás personas, especialmente de las que nos importan (familia, maestros/as, amistades…) para analizar el porqué de dicho suspenso, desde la neutralidad aunque sin despojarse de sentimientos y con  el objetivo puesto en el aprendizaje gracias al error y la actuación en consecuencia para superarlo, como decía… obviamente no es lo mismo que recibir mensajes similares a “me has decepcionado”, “esto ya te lo había dicho yo”, “eres un desastre”,”no lograrás nunca nada en la vida” …o peor aún: la indiferencia.

Estos mensajes recibidos desde el exterior, van siendo interiorizados de manera progresiva hasta llegar a admitirlos como propios….esta es esa letra pequeña que tanta importancia posee en el desarrollo de nuestra propia autoestima.

Cuando hablamos de sobredotación intelectual, hemos de enfrentarnos constantemente a numerosos retos propiciados por toda esta gran amalgama de prejuicios manejados socialmente, a los cuales se les tiende a dotar de valor verdadero. Y no me refiero solamente a mitos tales como que no se necesita nada a nivel académico porque en realidad ya lo tienen todo, sino que además esta última premisa hace referencia a una especie de pseudoposesión del todo, casi de lo absoluto, con lo que también se asume de manera profundamente prejuiciosa en lo referente al propio desarrollo personal, es decir, que tanto desde el exterior se puede continuar extendiendo la creencia de omnisapiencia en la sobredotación intelectual, como incluso desde algunos individuos sobredotados lo pueden llegar a asumir como una propia condición, con el peligro que conlleva para sí mismo y su propio entorno.

Me remito para ello, una vez más a los postulados de Kazimierz Dabrowski, en este caso tomando como referencia tres FACTORES DE DESARROLLO (con traducciones parciales del libro)

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Desde la Teoría de la Desintegración Positiva (TPD), Dabrowski se propone la existencia de una serie de condiciones en todo ser humano, que aunque resultan efectivamente condición necesaria, en todo caso nunca van a ser suficientes a la hora de alcanzar logros propios del desarrollo óptimo individual.

Desde esta perspectiva recordemos que K.Dabrowski menciona 3 TIPOS DE DESARROLLO, los cuales vienen marcados por sus propias características:

1- FACTOR DETERMINADO BIOLOGICAMENTE.- Lo que vendríamos a entender como fases de tipo biológico o estadíos en el desarrollo, tales como infancia, adolescencia, edad adulta,….

2- FACTOR DE AUTONOMÍA MENTAL.- Dicho factor trasciende los dictados biológicos y sociales. La fuerza interior mental del individuo se combina con valores positivos para forjarse ésta como directora del propio desarrollo.

Si bien es cierto que dicho factor trasciende a los propios dictados biológicos/sociales, en todo caso NUNCA se sitúa en un plano de superioridad sobre ellos, en el sentido en el que lo que la persona ansía para sí misma va mucho más allá de verbalizaciones tales como “llegar a ser alguien”, “alcanzar un logro novedoso que conlleve ser recordado/a a lo largo de la historia” o “conseguir bienes materiales o más dinero para vivir mejor” .

3- FACTOR DE UNILATERALIDAD.- Hace referencia a cuando aquellas funciones y estructuras mentales son integradas de manera egocéntrica y antisocial.

En mi opinion, incluyendo este tercer factor, se propone la idea de que cuando un individuo se percibe a sí mismo como “diferente” con respecto a otros, puede conllevar un riesgo de aislamiento social, lo cual tiende a desencadenar una percepción egocéntrica y distorsionada de la realidad, interfiriendo por tanto sobre el desarrollo óptimo tanto a nivel individual como social.

Para evitar este riesgo, por tanto, se hace necesario un trabajo indivializado de autoconocimento en el que se superen las barreras del egocentrismo aplicando para ello:

1) Por un lado, buenas dosis de comprensión también dirigida hacia los demás (empatía). En definitiva, alcanzar la aceptación de la diferencia desde un plano continuo vertical, es decir, que somos diferentes cualitativamente, no que somos más (o menos) que los/as otros/as.

2) Por otro lado, ejercitar la autocrítica, desprendiéndose del sentimiento de culpabilidad ante la comisión de un error, así como la aceptación de la propia responsabilidad que todas las personas poseemos sobre todo aquello que nos acontece. Complicada tarea…. pero no imposible.

**Recordemos que Dabrowsky rechaza aquellas concepciones tradicionales que consideran la personalidad como una estructura de la organización e las funciones mentales…. él entiende que la personalidad no es un atributo universal, sino como un logro, un producto resultante de la lucha generada en el conflicto, la cual posibilita el crecimiento y la adquisición de valores de mayor rango de complejidad.

LA GESTIÓN EMOCIONAL… ¿SABEMOS ENCAUZAR NUESTROS SENTIMIENTOS?

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No solemos estar acostrumbrados, ni tan siquiera tener claro, si lo que sentimos en un momento determinado, es en realidad adecuado o proporcionado a la situación. Aprobar o suspender un examen importante, enamorarse o un desengaño amoroso,… en fin, la mayoría de las experiencias que hemos tenido en la vida nos generan toda una serie de sensaciones de mayor o menor grado.
Sin embargo, no se nos enseña a encauzar los sentimientos de una manera adecuada y esto tiende a dificultar el desarrollo de nuestra felicidad, especialmente cuando la lógica que impera no es la del sentido común, sino la del prejuicio (“los niños no lloran”, “las niñas son más dulces”, “pedir perdón es un signo de debilidad”), con la penalización moral  y social que ello conlleva.

Los prejuicios no son sino mitos, falsas creencias acerca de cómo funciona el ser humano. Se nos suele educar para moderar lo que sentimos porque a veces se cree que:

– Abrirse a lo que uno siente (positivo o negativo) nos hace más vulnerables a los demás.
– Mostrarse reprimido y contenido en tus emociones es signo de ser una persona equilibrada.
– Lo que expreses no te define como persona.
– Hay que saber separar lo emocional de lo racional, el “corazón” y la “cabeza”.

Estos 4 mitos no sólo son falsos, sino que además condicionan en gran medida la forma en la que desarrollamos nuestro autoconcepto, y por supuesto, nuestra autoestima.
Cuando uno por fin es capaz de expresar aquello que siente, que le oprime, experimenta una especie de liberación (especialmente si lo hace ante la persona adecuada). Y cuando en determinadas situaciones uno se deja llevar por el corazón, la cabeza siempre le acompaña. No podemos separar lo emocional de lo racional con tanta facilidad porque somos un todo, y real y paradójicamente quizás no haya nada más irracional que negar los sentimientos.

¿Cuáles serían las expresiones adecuadas? No hay una respuesta única, ni verdades universales, salvo aquellas relacionadas con el derecho a la defensa de (valga la redundancia) los propios derechos y la obligación de respectar los derechos de los demás. Lo cierto es que existe un abanico de posibilidades perfectamente válidas y adecuadas no sólo a la situación concreta, sino también a nuestra manera de ser y entender la vida (lo que comúnmente denominamos “nuestros valores”).

ENFADO O IRA.
No es otra cosa que el derecho a la pataleta. Es la expresión no sólo del desacuerdo con algo o alguien (cuando defendemos según qué cosas, podemos sentirnos algo irascibles), sino además la respuesta a una ofensa personal.
Somos humanos, con lo cual debemos recordar que en momentos de enfado es muy probable que se nos pueda pasar de todo por la cabeza (lo siento, pero me muestro muy excéptica cuando alguien intenta convencerme de que Ghandi nunca llegó a enfadarse hasta el extremo de pensar alguna barbaridad). Los pensamientos ante estas situaciones, no te convierten en peor persona. Sólo te converten en…persona.
Es una sensación además productiva, en el sentido en que si somos capaces de aceptarla como parte de nosotros, también seremos capaces de aprender a transformar la ira en enfado, y éste no lleve progresivamente a la búsqueda de una solución al problema.

TRISTEZA.
Cuando pasamos por un bache, a veces tenemos la sensación de que siempre contamos lo mismo, que no hacemos sino agobiar a los demás con nuestras cosas. Sin embargo, cabe recordar que si se trata de esa persona adecuada, no sentirá agobio: escucha, consuela y al final se acaba hablando de algo diferente, y hasta podéis reiros juntos de aquello que te preocupaba tanto.
El llanto es desahogo, no ahogo. No hay que esperar en cambio que nadie solucione tus problemas, eso es algo que sólo nos compete a nosotros mismos. Una cosa es desahogar con alguien, y otra intentar implicarle en el problema.

ALEGRÍA
¿Quién puede penalizar la expresión de alegría? pues se hace, desgraciadamente. ¿Cuál será de nuevo la persona adecuada?Será alguien que te consuele en tus penas, y sea capaz también de felicitarte y reír contigo ante tus alegrías.
Todos poseemos ese derecho: a tener esos momentos de felicidad incontenida.

A modo de conclusión, recordemos que poseemos necesidades de diversa índole (fisiológica o psíquica), pero  lo cierto es que uno se siente “completo” en su vida si es capaz de encontrar un conjunción óptima entre lo que aporta a los demás a nivel emocional, y lo que recibe.